Blanca, como la noche …

Tímidamente la luna se acercó a mirar el numeroso desembarco de pasajeros de La Noche Blanca en la Floresta este sábado, como si un puerto hubiera emergido en la punta del balneario junto a la prefectura, con marines ajustando amarras y saludando a las damas con su sombrero inmaculado invitando a pasar. Como por  el ojo de un cerradura observaba la luna el deambular alegre de miles de visitantes sin rumbo, como empujados al garete por un oleaje suave que se escuchaba de fondo cada vez que un banda terminaba de tocar un un cuenco tibetano acariciando los tímpanos y las almas.

Un dragón chino encendido de rojo sangre desgarraba la oscuridad arrancando a fogonazos suspiros de sorpresa. La luz negra resaltaba los linos blancos de las chaquetas y las polleras, también los dientes de la muchachada que se movía graciosa y robóticamente al ritmo del house en las escalinatas del viejo hotel  encendida en colores el ” mapping” y los reflectores coloridos. 

Los aromas de los Food Trucks  y la paella gigante, la espuma de la cerveza artesanal, el óleo aplastado en el lienzo de la calle de las artes, los floripones de telas colgando de los eucaliptos, los zapatos con ojos de leopardo personalizados para desafiar a las excentricas, las galeras prolijamente  acomodadas en los percheros de una casa del 900, la desenfrenada danza de una morena cubana que servía rones que parecían salirle de las venas, las manos rápidas aplastando arepas con chicharrones de puerco, el pregón del director del circo que paraba huevos encima de vasos con agua hasta el tope desafiando la gravedad … son parte del sueño que este domingo cuesta  un poco recordar o por lo menos ordenar , por eso te lo contamos en fotos …

 

 

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