Tanatopraxia, paz y estética mas allá de la muerte

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«De tanto vivir frente del cementerio, no me asusta la muerte ni su misterio» Alfredo Zitarrosa

La vida pulsa a cada latido con un ritmo digno de ser bailado con gracia y entusiasmo. Habituársele parece fácil. Es tan natural el devenir a pesar de las arrugas y del reuma. Claro, de tanto en tanto nos pellizca para que le veamos de frente, nos hace zancadillas de vanidosa nomás para llamar la atención.

El tiempo, que como se sabe duerme en los bancos de los andenes, nos usa de tren expreso y abandona en la parada que más cómoda le quede, siempre en hora, sin retrasos.

La muerte viaja en el asiento de al lado, siempre cerca del pasillo, dejándonos la ventanilla libre, junto al vidrio que usamos de espejo, así podemos ver en el reflejo, sus fauces abiertas y burlonas que cierra disimulando cuando nos damos vuelta. Es una pasajera difícil de amigar, sobre todo de asimilar pero hay que reconocerle una condición, es fiel y paciente.

Selene Gutiérrez trabaja cuando el manto silencio todo lo ha cubierto, allí donde la zozobra se apodera de quienes no partieron, los deudos o los dolientes. Su trabajo es llevar paz y en sus propias palabras ,»devolverles a los fallecidos la dignidad que muchas veces una enfermedad les ha quitado»

De profesión es Tanatóloga y Tanatopráctica , oficios que según explica, «requieren vocación. Buscan que los fallecidos puedan irse dignamente, que los familiares puedan despedirlos sin que sea un encuentro traumático y que pueda quedar con un aspecto como tenía en vida, llevar un poco de alivio a las personas» en ese momento.

Acompañar la travesía del dolor

«El duelo tiene distintas etapas, muy individuales, la tanatología busca la aceptación de esa realidad, siempre tendemos a la negación, ayudamos a aceptar y avanzar en el duelo, que la persona no se estanque y se pueda dejar ir de una forma sana sin caer en una depresión que a todos nos pasa cuando perdemos a alguien» . «No es una receta mágica, está bien pasar por todas las etapas, sufrirlas como parte del duelo».

Tanatoestética y embalsamamientos

A los ritos de la muerte, cada civilización les debe desde pirámides hasta mausoleos, sarcófagos o cenizas disueltas en las orillas de ríos o en la sal de los mares. Desde el alquimista que busca trasmutar al mas agnóstico de los mortales o el mas convencido de la reencarnación debió pensar al menos una vez en el destino del cuerpo que habitó.

Pero … ¿Quiénes demandan los servicios de Selene?¿ las empresas a fúnebres, los deudos o las propias personas en su último aliento?

«Hay quienes lo piden para ellos mismos, sino los familiares mas directos como hijos o nietos, pero siempre es en el último minuto, sin mucha anticipación»

Las profesiones de Selene y de al menos otros 3 uruguayos, no están reconocidas como tales por el estado mas allá de que son monotributistas y prestan un servicio opcional en circunstancias muy particulares.

Tiene desafíos muy duros de enfrentar, que requieren de un temple que solo los profesionales que contamos con los dedos de una mano pueden hacer.

«En casos de autoeliminaciones o accidentes también trabajamos para lo que hay que seguir capacitándose porque siempre se trata de dar lo mejor» según narra y explica que prácticamente no existen situaciones en las que no se pueda intervenir.

Haciendo las salvedades de los términos que emplea a la hora de referirse a momentos dolorosos, Selene habla del deber cumplido, explicando que «la mejor parte es cuando uno recibe el llamado de un familiar, agradecen porque vieron una imagen muy triste en un hospital o donde fuera y cuando los ven arreglados, con sus uñas esmaltadas o las raíces hechas en el caso de la mujer» todo es distinto.

«Tienen una expresión de paz en la cara… en el caso de los hombres … con su traje, afeitados con un aspecto mas agradable».

La prisa después de la muerte

A pesar de que el tiempo ha abandonado a la persona dejando a cambio un cuerpo inerte, la prisa, mal de todos los tiempos, parece continuar su marcha frenética propia de la vida, como buscando otra muerte. Los trámites, los horarios atrapados en calendarios, la burocracia de la muerte, los reglamentos no naufragan en el río de las lágrimas.

«Es un tema cultural… (continúa explicando). En Uruguay, los tiempos de velatorio y la inhumación se hacen corriendo, no tenemos presente la posibilidad de preservar con la tanatopraxia que nos permite juntarnos, esperar familiares que llegan desde otros lugares y organizarlo bien. hay gente que vive en el interior y muchas veces no llega a tiempo».

«Está bueno tener una ventana de tiempo mas amplia» explica Selene

Profesionalización

«En mi caso estudié en Argentina, en otro paises es normal decir soy tanatólogo o embalsamador. «En Uruguay nunca hice embalsamamientos, no he tenido la dicha de poderlo ejercer, todos los hice fuera del país».

«No está incorporado socialmente, las empresas no buscan ese tipo de servicios, es muy raro, sí se ha dado en personalidades muy conocidas que se ha requerido mas tiempo para ser velado» recuerda.

Tanatoestética

Si bien en nuestro país se pueden conseguir productos para los embalsamamientos «existen unos muy específicos con resultados mucho mejores pero no podemos importarlos» al no estar reconocida la profesión.

«Buscamos que la gente sepa que está esta posibilidad existe, que estudiamos mucho, lo hacemos con dedicación y hoy es informal, eso no nos gusta, queremos que se reconozca que es como cualquier profesión» señala luego de haber planteado el tema a nivel del Ministerio de Educación y Cultura que es donde generalmente la derivan.

«La respuesta mas normal es que hay como un vació legal, en donde no se encuentra como encasillarnos, hoy, somos cuatro que estamos ejerciendo en todo el país, te llaman y tenés cierta ventana de tiempo, va a empezar el velatorio y hay que estar antes».

Cada servicio nos demanda un mínimo de una hora y cuarto , pero a veces si la persona estuvo en cámara de frío requiere masajes y allí puede demorar dos horas pero no mas».

«Organizar esto es parte de la vida, no quiere decir que nos vayamos a morir por pensarlo y organizarlo».

Como también decía Zitarrosa, «sin adioses, el amar y el morir… nunca son olvido»

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